Los niños del Ebro

En este artículo te cuento una de las experiencias más llamativas que he tenido con las almas. Siendo esta la primera vez que conocí en primera persona a Almas de niños.

Ya no era primavera. Recién había llegado el verano. A la edad de 17 años esta fue mi tercera experiencia con las almas.

Era una noche de Julio. Estaba junto a un chico, Gentil (así se apellida y así es conocido), tumbada sobre los jardines del Ebro. Hablando sobre nosotros, sobre la vida y sí, lo confieso, algún beso que otro se escapó.

Lo que pasa es que el contraste entre aquellos besos y lo que vi fue gélido.

De repente empecé a ver a cientos de niños. Almas. Niños que se habían ahogado, muchos de ellos, no todos. Niños que buscaban desesperadamente a sus padres.

Recuerdo uno que me impactó especialmente; aquel niño vestía un pantalón corto, un polo y en su mano sostenía un cubo y una pala. Entendí al instante que se había caído al Ebro y había muerto jugando.

Fríamente me pareció una historia preciosa. Pero no estaba precisamente para “poner la mente fría”.

Recuerdo que aquellas imágenes me impactaron tanto que ya no hubo más besos. De hecho, no recuerdo cómo llegué a casa.

No dije nada hasta el día siguiente.

Tengo la gran suerte de poder compartir estas vivencias en casa con libertad.

Mi madre en seguida comprendió que debía bajar a escuchar a aquellos niños. En ese momento mi pensamiento fue: “Baja tú, no te jode”. Fruto del miedo que tenía, claro, nunca le hablaría así a la señora Amaya.

No le hice caso. Seguí con mi vida. Por aquel entonces participaba en la grabación de una película, “Bambalina”, era un proyecto que estábamos llevando a cabo durante los meses de verano en Logroño entre un grupo de amigos.

Los días fueron pasando y en mi cuerpo empecé a sentir una sensación de ahogo angustiosa, terrible. Tenía miedo.

Durante los días recordaba a aquellos niños y sentía como si yo fuese quien se estuviese ahogando.

Aprendí con esta vivencia que tengo la obligación de atender y ayudar a todas las almas que así me lo pidan.

Era domingo. Llovía un poco. Le pedí a mi madre que me acompañara y se quedara paseando por allí, cerca, hasta que acabase de hablar con aquellos niños.

Así lo hicimos.

Se estaba metiendo el sol. Llegó la noche. Me senté en el mismo lugar donde les vi por primera vez.

Allí seguían. Algo menos angustiados. Y es que cuando les concedes un espacio para hablar y, sobre todo, para escuchar qué necesitan y cómo se sienten, automáticamente ganan luz.

Empecé uno por uno. No recuerdo cuál fue el primero pero les fui comunicando que ya no formaban parte de este plano, que habían muerto. Muchos de ellos no lo sabían.

-Esto (el no ser consciente de que estás muerto) sucede cuando mueres a causa de lo que yo llamo “una muerte violenta”, a día de hoy, conozco tres tipos de muertes violentas. Las muertes violentas son aquellas que no dan tiempo al cuerpo (físico) para entender que se está yendo, es decir, no les alcanza el tiempo para prepararse. Al contrario que cuando se muere por causas naturales o por una enfermedad, en la cual, independientemente de la duración que esta tenga, la persona transita un proceso en el que se conciencia de que dentro de un tiempo se marchará de este plano.-

Lo que pasó a continuación fue realmente mágico. Las almas que se liberaron y comprendieron que ya no tenían nada que hacer en este plano, me dieron las gracias y dejando un sendero de luz totalmente blanca, se fueron en dirección a las estrellas. Así fue. Cada una eligió su estrella o volvió a su lugar de origen. De nuevo se repite la idea que hasta entonces para mí era “romántica” de tener una estrecha relación entre las almas de los difuntos y las estrellas.

Al acabar hubo un grupo de niños que me dieron las gracias, me dijeron que no necesitaban nada más y que no volverían a “molestarme”, ellos decidieron quedarse por aquí; bien acompañando a sus familiares o bien haciendo otros tipos de trabajo, los cuales desconozco.

Y así fue como ayudé a trascender a los peques del Ebro.

Acabé la sesión destrozada. Entrelacé mi brazo con el de mi madre y me metí en la cama. Agotada y en paz.

Había pasado miedo pero a cambio había visto una imagen bellísima. Almas puras viajando a las estrellas. Ojalá algún día pueda ver esta fotografía como un fotograma formando parte de una película. O en un cuadro.

Puente de piedra al atardecer, Logroño

PUENTE DE PIEDRA AL ATARDECER. LOGROÑO.

 

 
Ana Brau

Soy canalizadora de Almas y mi trabajo consiste en transmitir mensajes de Almas a personas y viceversa. Una parte importante del proceso también es dar herramientas a la persona viva para que logre comunicarse con su propia Alma así como con las Almas que le rodean.

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