Abuelo, eres tú

Mi primera experiencia con el mundo de las almas gracias a la visita de mi abuelo materno.

Era primavera. Una tarde de un mayo avanzado.

Recuerdo que estaba especialmente contenta. Sentada en la silla verde de estudio.

-Os prometo que ocurrió como lo voy a contar.-

En ese momento, en mi habitación, empezó a oler a pino. No pino exactamente pero sí a una colonia muy amaderada y que yo no había olido nunca. Con esto no quiero decir que mi nariz haya olido todos los olores del mundo, de hecho es uno de mis sueños, pero es cierto que tengo una especial intuición para detectar y guardar olores. Creo que mi cuerpo tiene registrado un “archivo” de olores; recuerdo las recetas de mi abuela, el olor de la casa en la que vivía, el olor de todas las casas en las que he vivido, de personas, de estaciones…

Como decía, yo estaba segura de que ese olor era totalmente desconocido para mi. De repente empecé a sentir un cosquilleo en mi mano izquierda. Aquella sensación viajó por el brazo hasta instalarse en mi pecho, muy cerca del corazón.

En seguida entendí que aquello era un infarto. No me asusté porque sabía que aquellos síntomas no eran míos. La sensación era como si alguien estuviera enseñándome algo ¡Y así era!

Me di la vuelta de forma instintiva y allí estaba mi abuelo ¡Ay qué alivio sentí!

Llevaba buscando a aquel hombre en las noches estrelladas de San Román, pueblo en el que he veraneado desde que tengo uso de razón. Y es que cuando el reloj de aquel pueblo de la sierra de los cameros daba la media noche, siempre cinco minutos adelantado el muy puñetero, mi yaya me llevaba a casa. Y justo después de subir el primer escalón me hacía mirar las estrellas, -a todos los lectores que estén leyendo esto, San Román de Cameros guarda el mejor cielo estrellado del mundo entero.- el caso es que, desde aquel cielo mi abuelo miraba suspendido en la más grande y brillante estrella. Así lo contaba mi abuela. Tanta fe tenía en aquello que, siendo pequeña llegué a discutir con mi prima Claudia. Ella decía que su abuelo estaba en la estrella que yo señalaba. Discutimos hasta que le di la razón de mentira. Para mis adentros me decía: “pobrecita abuelo, no tiene ni idea.” Además creo que por aquellos años su abuelo no había muerto. Ay qué locura.

Todo ese repertorio de pensamientos y anécdotas y olores me inundaron por completo en aquel momento. Mi abuelo, el que vivía en aquella estrella estaba ahí, sentado en mi cama.

Si lo piensas tiene un punto muy cómico. Cómo nos complicamos la existencia y qué curioso que pensemos “ala se ha muerto, me ha dejado”. Más adelante os explicaré esto que acabo de decir. Por supuesto que, aunque mis palabras suenen poco sensibles, escribo este texto con todo el respeto del mundo. Tanto para las almas que dejan este plano como para aquellos que aguardan un rato más en este.

Cada vez que cuento esta historia me hacen la misma pregunta, ¿Y no te asustaste?

Pueblo de origen de Ana

SAN ROMAN

Yo siempre contesto lo mismo: “no”. Es más para mi fue un auténtico regalo. Era como si algo que tenía que darse al fin se dio.

Le miré y le agradecí que hubiera venido.

De forma instintiva empecé a escribir la información que recibía en un pósit. Empecé con los rasgos físicos; Lleva pantalones de pana, una camisa con un jersey marrón chocolate, unos zapatos color beige… y en ese momento empecé a escuchar cómo me hablaba. Escribir fue de alguna manera como sintonizar con él.

Le pegunté que qué quería y me dijo que necesitaba darle un mensaje a mi madre.

Así que la llamé:

-“Mamá, estoy viendo al abuelo y me dice que quiere darte un mensaje.”

- Silencio.- “Cuando salga de trabajar voy para allí”.

Así, exactamente así fue la conversación.

Me pidió que hiciera café. Casi todas las almas, cuando vienen me piden que tome café.

Pueden sentir lo que tú sientes y saborear lo que tú saboreas, esto también lo explicaré más adelante.

El abuelo me explicó que el café le recordaba al olor y al sabor del hogar.

Mientras lo tomaba con bien de miel fui apuntando en pósits y pósits mensajes que más tarde le daría a mi madre.

También me dio mensajes para mi. Uno que tengo presente siempre es: “¿Ves esta mandala? (una mandala que estaba colgada en la pared de mi habitación) Tu vida será como esta mandala. Has venido a disfrutar de la vida y a vibrar alto para enseñar a mucha gente que la vida es luz y que cada uno de nosotros tenemos un propósito."

También me transmitió información de cómo funciona aquel plano en el que él estaba.

Son conocimientos que saldrán a mi pesar durante los relatos, pero que, resulta un poco difícil decir de manera ordenada qué fue lo que me enseñó.

Él insistió mucho en que yo comprendiera que no hacían falta los ojos para poder verlos. De hecho, una semana después yo me quedé sin lágrimas en los ojos. Me di baños de manzanilla amarga hasta que un día se me ocurrió preguntarle; ¿por qué me ocurre esto en los ojos? Y contestó lo mismo: "porque no tienes que mirar con los ojos, si no, con el alma". De ahí, la frase de portada de este blog.

Tampoco se necesita hablar con la voz como hacemos aquí, la comunicación con las almas es desde el corazón, literalmente.

También me explicó cuánto de importante era cuidar el cuerpo que habitamos. Me hizo prometer que lo trataría como un templo. –Soy humana y a veces patino un poco, pero es cierto que a penas tolero el alcohol y me resulta muy difícil perpetuar hábitos nocivos para mi.-

Llegó mi madre y ahí desaparecí yo. Más adelante explicaré esto.

Estaríamos hablando cerca de dos horas. Recuerdo detalles sueltos. Al principio el abuelo habló de momentos de infancia de mi madre, momentos que habían compartido juntos… -Esto lo hacen todas las almas. Hablar de recuerdos. Es una manera de preparar el corazón de la persona (física) para recibir el mensaje.-

Una vez “sintonizados” los dos, Ana voló. Mi cuerpo se mantuvo allí y le di espacio a mi abuelo para que lo habitara y pudiera hablar libremente con mi madre. Esto lo explicaré en otro post, lo llamaremos "canalización".

Tanto fue así que cuando acabaron de hablar yo no recordaba qué le había dicho exactamente, tenía algunas lagunas, y tuve que preguntarle más tarde.

Cuando mi abuelo terminó de dar el mensaje respiró largo y profundo. Satisfecho y liberado.

Me explicó que con lo que había hecho ya podría seguir trascendiendo pero eligió acompañarme un rato más. Yo pensaba que sería para siempre. –Con esto entendí que las almas necesitan dar mensajes para trascender a algún lugar. Más adelante entendería un poquito más.-

Emocionada, me agarré el corazón y le di las gracias.

Me gustaría compartir con vosotros cuál fue el mensaje que recibió mi madre, pero como os he dicho, no lo recuerdo. Así que, invitaré a mi madre a pasarse por aquí para que ella misma pueda expresaros cómo fue aquel viaje.

Y colorín colorado así conocí a mi abuelo Gonzalo.

Ilustración de Ana y su Abuelo

Ana Brau

Soy canalizadora de Almas y mi trabajo consiste en transmitir mensajes de Almas a personas y viceversa. Una parte importante del proceso también es dar herramientas a la persona viva para que logre comunicarse con su propia Alma así como con las Almas que le rodean.

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